<?xml version="1.0" encoding="iso-8859-1"?>
<rss version="2.0">
   <channel>
      <title><![CDATA[Revista National Geographic - Últimas noticias]]></title>
      <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/]]></link>
      <description><![CDATA[Revista National Geographic - Últimas noticias]]></description>
      <language>es-es</language>
      <generator><![CDATA[www.eljueves.es]]></generator>
      <webMaster><![CDATA[webmaster@eljueves.es]]></webMaster>
      <image>
         <url><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/imgs/logo.png]]></url>
         <title><![CDATA[Revista National Geographic - Últimas noticias]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/]]></link>
      </image>
      <item>
         <title><![CDATA[El poder de las herramientas]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/03/02/poder_las_herramientas.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Mar 2010 11:09:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/03/02/chimpances4_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/03/02/poder_las_herramientas.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Un laberinto de líneas, trazos y dibujos]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/03/01/laberinto_lineas_trazos_dibujos.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Mar 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/03/01/nascainter_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/03/01/laberinto_lineas_trazos_dibujos.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Hubble renovado]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/hubble_renovado.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[El pasado mes de mayo los astronautas dieron al Hubble la que probablemente ser&aacute; su &uacute;ltima actualizaci&oacute;n. El equipo, en el que se encontraba John Grunsfeld, en su tercera visita al observatorio orbital, repar&oacute; los sistemas de alimentaci&oacute;n y control para dar al Hubble unos a&ntilde;os m&aacute;s de vida en su &oacute;rbita sobre la neblina atmosf&eacute;rica de la Tierra. Los astronautas instalaron adem&aacute;s una c&aacute;mara y un espectr&oacute;grafo nuevos y repararon otros dos instrumentos para que el telescopio sea m&aacute;s productivo que nunca. &laquo;Los mejores momentos de este telescopio a&uacute;n no han llegado &ndash;dice el cient&iacute;fico del proyecto Hubble Ken Sembach, del Space Telescope Science Institute&ndash;. La gente se va a quedar boquiabierta.&raquo;
Las im&aacute;genes m&aacute;s famosas del Hubble, que en abril cumple 20 a&ntilde;os, muestran galaxias viajeras, explosiones estelares y nebulosas espectrales. Gracias a la mayor sensibilidad y definici&oacute;n del telescopio, sus nuevas im&aacute;genes ser&aacute;n m&aacute;s espectaculares.
Y mostrar&aacute;n mejor el espacio profundo. Poco despu&eacute;s de la actualizaci&oacute;n, el Hubble puso la mira en una mancha oscura del cielo y capt&oacute; luz infrarroja durante cuatro d&iacute;as para detectar los objetos m&aacute;s tenues. Las im&aacute;genes revelan puntos borrosos &laquo;de apenas unos pocos p&iacute;xeles&raquo;, dice Garth Illingworth, astrof&iacute;sico de la Universidad de California en Santa Cruz. Tras analizarlos para descartar que fueran producto de la c&aacute;mara, han resultado ser im&aacute;genes de algunos de los objetos m&aacute;s distantes, y por tanto m&aacute;s antiguos, vistos hasta ahora: peque&ntilde;as galaxias primitivas que brillaban hace 13.100 millones de a&ntilde;os. Si la edad del universo es de unos 13.700 millones de a&ntilde;os, &laquo;la nueva c&aacute;mara nos ha acercado a unos pocos cientos de millones de a&ntilde;os del comienzo&raquo;, afirma Illingworth. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, el Hubble est&aacute; observando casi el principio de los tiempos.]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/17/hubble2_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/hubble_renovado.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Una hermosa amistad]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/una_hermosa_amistad.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[Cuando Andrew Stanton decidi&oacute; realizar una pel&iacute;cula infantil de animaci&oacute;n ambientada en el oc&eacute;ano y que fuese fiel a &laquo;las verdaderas reglas de la naturaleza&raquo;, empez&oacute; a buscar al pez perfecto para convertirlo en su protagonista. Hojeando libros sobre la vida marina, se fij&oacute; por casualidad en la foto de dos peces que asomaban de una an&eacute;mona. &laquo;&iexcl;Eran preciosos! &ndash;recuerda Stanton&ndash;. No ten&iacute;a idea de qu&eacute; clase de peces eran, pero no pod&iacute;a dejar de mirarlos.&raquo; La imagen de los peces en su escondite natural representaba a la perfecci&oacute;n el misterio marino que pretend&iacute;a transmitir. &laquo;Y como artista, me encant&oacute; el hecho de que se llamaran peces payaso; era perfecto.&raquo;
Fue el nacimiento de una estrella. Buscando a Nemo, la pel&iacute;cula de la compa&ntilde;&iacute;a Pixar que Stanton escribi&oacute; y dirigi&oacute;, gan&oacute; en el a&ntilde;o 2003 el Oscar al mejor largometraje de animaci&oacute;n. Nemo, un pez payaso de la especie Amphiprion percula, dio a conocer a millones de ni&ntilde;os de todo el mundo un maravilloso ecosistema tropical: el de los arrecifes coralinos y sus habitantes.
El pez payaso debe su nombre a las manchas de vivos colores que adornan su cuerpo (desde intensos tonos marrones viol&aacute;ceos hasta brillantes rojos, amarillos y anaranjados), a menudo delimitadas por l&iacute;neas negras o blancas, como en el maquillaje de los payasos. Ver a esos peces nadando como dardos entre los pliegues cubiertos de tent&aacute;culos de una an&eacute;mona de mar es tan fascinante como observar a las mariposas revoloteando entre las flores de un prado.
Veintinueve especies de peces payaso habitan los arrecifes desde &Aacute;frica oriental hasta la Polinesia Francesa y desde Jap&oacute;n hasta el este de Australia, y su mayor diversidad se concentra en la costa septentrional de Nueva Guinea, en el mar de Bismarck, donde con un poco de suerte y un gu&iacute;a experto es posible ver hasta siete especies en un solo arrecife. En una reciente campa&ntilde;a de inmersiones en Fidji, Gerald Allen (del Museo de Australia Occidental y principal autoridad mundial en peces payaso) descubri&oacute; la vigesimonovena especie, Amphiprion barberi. &laquo;A&uacute;n me emociono cuando descubro algo nuevo &ndash;dice Allen&ndash;. A. barberi es precioso: naranja y rojo, como una brasa encendida sobre el arrecife.&raquo;
Entre cient&iacute;ficos y acuari&oacute;filos, los peces payaso tambi&eacute;n se conocen como peces an&eacute;mona porque no pueden sobrevivir sin una an&eacute;mona anfitriona (denominada hu&eacute;sped), cuyos tent&aacute;culos urticantes los protegen a ellos y a sus huevos de los intrusos. Del millar de especies de an&eacute;monas existentes, s&oacute;lo diez albergan peces payaso. Todav&iacute;a es un misterio la inmunidad del pez payaso al veneno de su hu&eacute;sped, pero quiz&aacute;s el secreto sea una capa de moco secretada por el pez despu&eacute;s de tocar los tent&aacute;culos de la an&eacute;mona. &laquo;Es una sustancia densa que impide que las c&eacute;lulas urticantes de la an&eacute;mona se disparen &ndash;explica Allen&ndash;. Si observamos a un pez joven que se acerca por primera vez a una an&eacute;mona, veremos que la toca de manera vacilante varias veces. Primero tiene que establecer el contacto para poner en marcha el proceso qu&iacute;mico.&raquo; As&iacute; protegido, se convierte en una extensi&oacute;n de la an&eacute;mona y en una nueva l&iacute;nea de defensa contra los que depredan sobre ella, como el pez mariposa. Lo que es bueno para el pez payaso tambi&eacute;n lo es para la an&eacute;mona, y viceversa.
El pez payaso pasa toda su vida con su an&eacute;mona hu&eacute;sped, de la que rara vez se aleja m&aacute;s de un par de metros. Pone huevos unas dos veces al mes sobre la superficie s&oacute;lida m&aacute;s cercana, debajo de la base carnosa de la an&eacute;mona, y protege los embriones con agresiva determinaci&oacute;n. Del huevo sale una diminuta larva transparente, que pasa una o dos semanas a la deriva cerca de la superficie. Despu&eacute;s se transforma en un min&uacute;sculo pez payaso de menos de un cent&iacute;metro de largo que desciende al arrecife. Si el joven pez no encuentra una an&eacute;mona y se aclimata a su nueva vida en un d&iacute;a o dos, muere.
Una sola an&eacute;mona puede albergar m&aacute;s de una docena de peces payaso de la misma especie, entre ejemplares j&oacute;venes y adultos maduros de hasta 15 cent&iacute;metros de largo. (Allen ha visto hasta 30 en ejemplares de Stichodactyla haddoni.) Nadando alrededor de su an&eacute;mona, buscan plancton, algas y cop&eacute;podos, y a menudo se es&shy;&shy;conden entre los pliegues de su hu&eacute;sped para comer los bocados m&aacute;s grandes. En la naturaleza, amenazados por meros y morenas, los peces payaso suelen vivir entre siete y diez a&ntilde;os, pero en cautividad pueden durar much&iacute;simo m&aacute;s. 
No todos los peces payaso llegan a ser adultos sexualmente maduros. Hay una jerarqu&iacute;a estricta entre los ocupantes de cada an&eacute;mona, que s&oacute;lo alberga una pareja dominante a la vez. La hembra es la m&aacute;s grande de la &laquo;familia&raquo;, seguida del macho y los adolescentes. La pareja adulta mantiene su dominio ahuyentando a los j&oacute;venes, lo que produce estr&eacute;s y consume una energ&iacute;a que de otro modo se utilizar&iacute;a para buscar alimento. &laquo;Sobre todo durante el cortejo, hay muchas persecuciones entre la pareja dominante&raquo;, dice Allen. De vez en cuando la hembra muerde las aletas del macho para recordarle qui&eacute;n manda.
Muchos peces arrecifales tienen la capacidad de cambiar de sexo. La mayor&iacute;a, como los l&aacute;bridos y los peces loro, pasan de hembra a macho; pero el pez payaso es uno de los pocos que cambia de macho a hembra: si una hembra dominante muere, el macho dominante ocupar&aacute; su lugar, y el juvenil de mayor tama&ntilde;o asumir&aacute; el papel de macho dominante. A&uacute;n no se han identificado las hormonas responsables de esa plasticidad sexual. &laquo;Es una estrategia de adaptaci&oacute;n excelente para asegurar la perpetuaci&oacute;n de la especie &ndash;apunta Allen&ndash;. De ese modo siempre hay una pareja reproductora en todas las an&eacute;monas.&raquo;
La relaci&oacute;n del pez payaso y la an&eacute;mona ha fascinado a los acuari&oacute;filos desde la d&eacute;cada de 1970, cuando las mejoras en el transporte de peces y en el dise&ntilde;o de acuarios determinaron un auge de las ventas. Pero nunca un pez se hab&iacute;a hecho tan famoso como el pez payaso tras el estreno de Buscando a Nemo. Al principio, el sector de la acuariofilia temi&oacute; que el argumento de la pel&iacute;cula le fuera adverso, ya que a Nemo lo capturan y lo meten en la pecera de la consulta de un dentista, y su padre se pasa el resto de la pel&iacute;cula tratando de rescatarlo. &laquo;Le aseguro que fue justo lo contrario&raquo;, declara Vince Rado, de la empresa mayorista Oceans, Reefs and Aquariums (ORA), ubicada en Fort Pierce, Florida, cuyas ventas de A. ocellaris, una especie muy parecida a Nemo, aumentaron un 25%.
El estrellato ha sido un arma de doble filo para los propios peces payaso. Durante a&ntilde;os ha resultado mucho m&aacute;s econ&oacute;mico capturarlos en la naturaleza que criarlos en cautividad. La cr&iacute;a en tanques plantea ciertos problemas (por ejemplo, conseguir que las larvas coman) y se requiere al menos ocho meses para que alcancen el tama&ntilde;o necesario para venderlos. Pero los aspectos econ&oacute;micos de la captura de estos peces en su medio natural est&aacute;n cambiando. La subida del precio del combustible ha encarecido el transporte, y las poblaciones son cada vez m&aacute;s reducidas. La sobrepesca y los m&eacute;todos de recolecci&oacute;n destructivos, como el uso de cianuro para atontar a los peces, est&aacute;n acabando con los arrecifes y sus ha&shy;&shy;bitantes. En Filipinas e Indonesia, por ejemplo, el declive del pez payaso es dr&aacute;stico, lo que deja a las an&eacute;monas m&aacute;s expuestas al ataque de los depredadores. Cuando los arrecifes sufren, una de las primeras especies en desaparecer son las an&eacute;monas, y con ellas, los peces payaso. 
Adem&aacute;s de estimular la demanda de peces payaso, Buscando a Nemo contribuy&oacute; al florecimiento de webs y de foros dedicados a la cr&iacute;a en cautividad de peces de arrecife. ORA cr&iacute;a 13 es&shy;&shy;pecies de peces payaso, adem&aacute;s de la variedad Picasso, ex&oacute;tico fruto de la selecci&oacute;n en cautividad. Rado afirma que vende unos 300.000 peces payaso al a&ntilde;o. &laquo;Son varios cientos de miles que no ser&aacute;n capturados en la naturaleza.&raquo;
Pese a la degradaci&oacute;n de los arrecifes de la que Allen ha sido testigo en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os, la situaci&oacute;n en algunas zonas es, en su opini&oacute;n, &laquo;in&shy;&shy;cre&iacute;blemente esperanzadora. Muchos est&aacute;n casi intactos y gozan de buena salud&raquo;. Actualmente, su principal inter&eacute;s como asesor de Conservation International es &laquo;localizar esas zonas y ayudar a su conservaci&oacute;n antes de que sea tarde&raquo;.
Aunque la pel&iacute;cula haya podido ser perjudicial para algunas poblaciones, Nemo tambi&eacute;n ha creado un nuevo grupo de amantes de la naturaleza, deseosos de preservar el pez payaso y su hogar. &laquo;Espero que haya sensibilizado un poco m&aacute;s a la gente &ndash;dice Stanton&ndash;. El h&aacute;bitat de los arrecifes es muy fr&aacute;gil, y su futuro, incierto.&raquo;]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/17/pezpayasoaart2_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/una_hermosa_amistad.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Espíritus en la arena]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/espiritus_arena.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[Desde el aire, las l&iacute;neas grabadas en el suelo del desierto eran dif&iacute;ciles de ver. Mientras el piloto hac&iacute;a virajes cerrados sobre la meseta des&eacute;rtica del sur de Per&uacute;, al norte de la localidad de Nasca, pude distinguir apenas una sucesi&oacute;n de figuras trazadas con gran belleza.
&laquo;&iexcl;La orca!&raquo;, grit&oacute; el arque&oacute;logo peruano Johny Isla, haci&eacute;ndose o&iacute;r por encima del rugido del motor, mientras se&ntilde;alaba la forma de una ballena. &laquo;&iexcl;El mono!&raquo;, dijo al cabo de un minuto, cuando apareci&oacute; ante nuestros ojos el famoso mono de Nasca. &laquo;&iexcl;El colibr&iacute;!&raquo; Desde que se hicieron famosos a finales de la d&eacute;cada de 1920, cuando empezaron a funcionar los vuelos comerciales entre Lima y la ciudad sure&ntilde;a de Arequipa, los misteriosos dibujos del desierto conocidos como las l&iacute;neas de Nasca han fascinado a arque&oacute;logos, antrop&oacute;logos y a todos aquellos que est&aacute;n interesados en las antiguas culturas de Am&eacute;rica. Desde entonces, sucesivas oleadas de cient&iacute;ficos (y aficionados) han propuesto diversas interpretaciones. Se ha dicho que eran caminos incas, proyectos de regad&iacute;o, im&aacute;genes para ser admiradas desde primitivos globos aerost&aacute;ticos y, lo m&aacute;s rid&iacute;culo de todo, pistas de aterrizaje para naves extraterrestres. Despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, una profesora de origen alem&aacute;n llamada Maria Reiche hizo los primeros estudios formales de las l&iacute;neas y figuras, denominadas geoglifos, en las afueras de Nasca y en la cercana ciudad de Palpa. Durante medio siglo, hasta su muerte en 1998, Reiche desempe&ntilde;&oacute; un papel fundamental en la conservaci&oacute;n de los geoglifos. Pero su teor&iacute;a preferida, seg&uacute;n la cual las l&iacute;neas eran marcas de un calendario astron&oacute;mico, fue rechazada hace mucho tiempo. La ferocidad con que esta mujer protegi&oacute; las l&iacute;neas de los intrusos ha sido adoptada por sus actuales guardianes, por lo que incluso a los cient&iacute;ficos les resulta dif&iacute;cil acceder a las figuras m&aacute;s famosas de animales grabadas en la pampa, justo al noroeste de Nasca.
Aun as&iacute;, desde 1997 se est&aacute; desarrollando un ambicioso proyecto de investigaci&oacute;n en colaboraci&oacute;n entre Per&uacute; y Alemania cerca de la localidad de Palpa, m&aacute;s al norte. Dirigido por Isla y Markus Reindel, del Instituto Arqueol&oacute;gico Alem&aacute;n, el Proyecto Nasca-Palpa es un estudio sistem&aacute;tico y multidisciplinar de la cultura antigua de la regi&oacute;n, que intenta establecer d&oacute;nde y c&oacute;mo vivi&oacute; el pueblo nasca, por qu&eacute; desapareci&oacute; y cu&aacute;l era el significado de los extra&ntilde;os dibujos que dej&oacute; tras de s&iacute; en la arena del desierto.
Mientras nuestro avi&oacute;n se escoraba para hacer otro viraje, Isla, natural del Altiplano y actualmente empleado en el Instituto Andino de Estudios Arqueol&oacute;gicos, segu&iacute;a con la cara (cuyos rasgos recordaban a sus antepasados) pegada a la ventana. &laquo;&iexcl;Un trapezoide!&raquo;, exclam&oacute;, se&ntilde;alando una enorme figura geom&eacute;trica que acababa de entrar en nuestro campo visual. &laquo;&iexcl;Una plataforma! &ndash;a&ntilde;adi&oacute;, apuntando con el dedo&ndash;. &iexcl;Una plataforma!&raquo;
&iquest;Una plataforma? Lo que Isla se&ntilde;alaba era un peque&ntilde;o mont&oacute;n de piedras en un extremo del trapezoide. Si &eacute;l y sus colegas est&aacute;n en lo cierto, esas estructuras podr&iacute;an ser una de las claves para entender el aut&eacute;ntico significado de las l&iacute;neas de Nasca. La historia empieza, y acaba, con el agua.
La regi&oacute;n costera del sur de Per&uacute; y el norte de Chile es una de las m&aacute;s &aacute;ridas del mundo. En la peque&ntilde;a cuenca protegida donde surgi&oacute; la cultura de Nasca, hay diez r&iacute;os que bajan de los Andes, al este, y la mayor&iacute;a de ellos est&aacute;n secos al menos parte del a&ntilde;o. Esas diez fr&aacute;giles cintas de verdor, rodeadas por un millar de matices de ocre, crearon un terreno propicio para la aparici&oacute;n de una civilizaci&oacute;n temprana, lo mismo que el delta del Nilo o los r&iacute;os de Mesopotamia. &laquo;Era el lugar perfecto para el asentamiento humano, porque hab&iacute;a agua &ndash;afirma el ge&oacute;grafo Bernhard Eitel, miembro del Proyecto Nasca-Palpa&ndash;. Pero el riesgo ambiental era sumamente elevado.&raquo;
Seg&uacute;n Eitel y su colega de la Universidad de Heidelberg, Bertil M&auml;chtle, el microclima de la regi&oacute;n de Nasca ha oscilado enormemente en los &uacute;ltimos 5.000 a&ntilde;os. Cuando el anticicl&oacute;n boliviano (un sistema de altas presiones que suele establecerse sobre Am&eacute;rica del Sur) se desplaza hacia el norte, aumentan las lluvias en la vertiente occidental de los Andes. Cuando el anticicl&oacute;n se desplaza al sur, las precipitaciones disminuyen y los r&iacute;os de los valles de Nasca se secan.
Pese al riesgo ambiental, la cultura nasca floreci&oacute; durante ocho siglos. El pueblo nasca surgi&oacute; hacia el a&ntilde;o 200 a.C. de una cultura anterior, la de Paracas, y se estableci&oacute; a lo largo de los valles fluviales, donde cultivaba algod&oacute;n, jud&iacute;as, tub&eacute;rculos, l&uacute;cuma (una fruta) y una variedad de ma&iacute;z de mazorca peque&ntilde;a. Famosos por su alfarer&iacute;a, los nasca inventaron una nueva t&eacute;cnica que consist&iacute;a en mezclar una docena de pigmentos minerales con una fina capa de arcilla para pintar la cer&aacute;mica antes de hornearla. Un famoso cuadro de cer&aacute;mica conocido como la placa de Tello (donde se ve a varias personas andando mientras tocan la quena, rodeadas de perros danzarines) ha sido interpretado como el s&iacute;mbolo de un pueblo pac&iacute;fico en cuyos rituales hab&iacute;a un lugar para la m&uacute;sica, la danza y las peregrinaciones.
La teocr&aacute;tica capital de la primera &eacute;poca nasca fue una meca barrida por la arena del desierto llamada Cahuachi. El yacimiento, excavado por primera vez en la d&eacute;cada de 1950 por el arque&oacute;logo de la Universidad de Columbia William Duncan Strong, es un vasto complejo de 150 hec&shy;t&aacute;reas que conserva una imponente pir&aacute;mide de adobe, varios templos, grandes plazas y plataformas, y una compleja red de escaleras y corredores interconectados. En su libro de 2003 sobre los sistemas de regad&iacute;o de los nasca, la arque&oacute;loga Katharina Schreiber, de la Universidad de California en Santa B&aacute;rbara, y Josu&eacute; Lancho Rojas, maestro de escuela e historiador local, recuerdan que el r&iacute;o Nasca, que tiene un tramo subterr&aacute;neo unos 15 kil&oacute;metros al este de Cahuachi, aflora a la superficie como un manantial jus&shy;to a las puertas de la ciudad. &laquo;Casi con seguridad &ndash;escriben&ndash;, la aparici&oacute;n de agua en ese punto se consider&oacute; sagrada en &eacute;poca prehist&oacute;rica.&raquo;
&laquo;Cahuachi era un centro ceremonial &ndash;dice Giuseppe Orefici, arque&oacute;logo italiano que dirigi&oacute; las excavaciones durante muchos a&ntilde;os&ndash;. La gente ven&iacute;a aqu&iacute; desde las monta&ntilde;as y la costa con sus ofrendas.&raquo; Entre los objetos sacados a la luz hab&iacute;a decenas de cabezas cortadas, por lo general con una cuerda trenzada pasada por un agujero abierto en la frente, quiz&aacute; para llevar el cr&aacute;neo colgado de la&nbsp; cintura.
En otras partes del &aacute;mbito nasca, la poblaci&oacute;n se desplazaba al este o al oeste a trav&eacute;s de los valles de los r&iacute;os siguiendo el cambio del r&eacute;gimen de las precipitaciones. Pr&aacute;cticamente en todos lados, desde la costa del Pac&iacute;fico hasta altitudes de casi 4.600 metros en las laderas andinas, hay indicios de asentamientos nasca. &laquo;Y en casi todos hemos encontrado geoglifos&raquo;, apunta Reindel.
El desierto y las pendientes resecas eran un lienzo tentador: retirando la capa superficial de piedras oscuras y dejando al descubierto la arena m&aacute;s clara, los nasca crearon unas figuras que han perdurado durante siglos. Los arque&oacute;logos creen que el trazado y el mantenimiento de las l&iacute;neas eran actividades comunitarias, &laquo;como la construcci&oacute;n de una catedral&raquo;, dice Reindel.
En los valles extremadamente &aacute;ridos del sur, los antiguos ingenieros nasca inventaron una forma m&aacute;s pr&aacute;ctica de hacer frente a la escasez de agua que la de mover las ciudades en pos de la lluvia: un ingenioso sistema de pozos horizontales que aprovechaban el desnivel de la capa fre&aacute;tica en su descenso desde las altitudes andinas, lo que permit&iacute;a a los asentamientos sacar agua subterr&aacute;nea a la superficie. Esos sistemas de regad&iacute;o, verdaderos acueductos subterr&aacute;neos conocidos como puquios, se utilizan todav&iacute;a hoy.
Tal vez forzado por las circunstancias, el pueblo nasca parece haber sido particularmente &laquo;verde&raquo;. La creaci&oacute;n de los puquios pone de ma&shy;&shy;nifiesto un avanzado sentido del aprovechamiento del agua, ya que reduc&iacute;an al m&iacute;nimo la evaporaci&oacute;n. Sembraban haciendo un agujero en la tierra para cada semilla en lugar de arar, lo cual preservaba el subsuelo. Y reciclaban la basura como material de construcci&oacute;n, como puede apreciarse en el yacimiento de La Mu&ntilde;a. &laquo;Gestionaban muy bien sus recursos &ndash;afirma Isla&ndash;. Es lo m&aacute;s caracter&iacute;stico de aquella sociedad.&raquo;
Actualmente, la mayor&iacute;a de la gente conoce a los nasca por las l&iacute;neas. Pero si bien fueron los m&aacute;s prol&iacute;ficos productores de geoglifos, no fueron los primeros. En una ladera colindante a la meseta que se extiende al sur de Palpa hay tres estilizadas figuras humanas, con ojos saltones y cabellera en forma de rayos, que datan al menos de hace 2.400 a&ntilde;os, una fecha anterior a la fijada por casi toda la bibliograf&iacute;a para el comienzo de la cultura nasca. El grupo de Reindel ha atribuido unos 75 grupos de geoglifos del &aacute;rea de Palpa a la cultura de Paracas, anterior a la de Nasca. Esos geoglifos, muchos de los cuales representan estilizadas figuras con forma humana, comparten no pocas caracter&iacute;sticas con un arte todav&iacute;a m&aacute;s antiguo, el de las im&aacute;genes talladas en la piedra conocidas como petroglifos. En una reciente in&shy;&shy;vestigaci&oacute;n en un posible yacimiento de Paracas, en lo alto del valle del r&iacute;o Palpa, Isla descubri&oacute; el petroglifo de un mono, asombrosamente similar al geoglifo nasca que vimos al sobrevolar la pampa.
Estos nuevos hallazgos aportan un dato de gran importancia acerca de las l&iacute;neas de Nasca. Ahora sabemos que no fueron trazadas todas en un mismo momento, en un mismo lugar ni con un solo prop&oacute;sito. Muchas se superponen a otras m&aacute;s antiguas, con algunas l&iacute;neas borradas y otras solapadas que complican la interpretaci&oacute;n. La idea de que s&oacute;lo pueden apreciarse desde el aire es un mito moderno. Los primeros geoglifos del per&iacute;odo de Paracas fueron realizados en las laderas, y pod&iacute;an verse desde la pampa. A comienzos de la &eacute;poca nasca las im&aacute;genes (menos antropom&oacute;rficas y m&aacute;s naturalistas) empezaron a trazarse en el suelo de la pampa. Casi todas las figuras de animales, como la ara&ntilde;a y el colibr&iacute;, est&aacute;n dibujadas de un solo trazo; una persona puede recorrerlo andando de un extremo a otro sin cruzar nunca ninguna l&iacute;nea, lo que sugiere que en alg&uacute;n momento al principio de la &eacute;poca nasca las l&iacute;neas dejaron de ser simples im&aacute;genes para convertirse en caminos para las procesiones ceremoniales. Posteriormente, quiz&aacute; como consecuencia de un crecimiento demogr&aacute;fico explosivo, documentado por el equipo germano peruano, debi&oacute; de aumentar el n&uacute;mero de participantes en los rituales, y los geoglifos adquirieron formas m&aacute;s abiertas y geom&eacute;tricas, como los trapezoides, algunos de los cuales miden m&aacute;s de 600 metros. &laquo;Nuestra idea es que dejaron de ser im&aacute;genes cuya finalidad era la de ser contempladas &ndash;explica Reindel&ndash; y se convirtieron en escenarios por donde caminar en las ceremonias religiosas.&raquo;
Aquellos antiguos actos de culto han dejado sus huellas en el terreno. Entre 2003 y 2007, Tomasz Gorka y J&ouml;rg Fassbinder, geof&iacute;sicos del Departamento de Monumentos y Yacimientos de Baviera, efectuaron mediciones del campo magn&eacute;tico de la Tierra en un trapezoide cerca de Yunama, un pueblo de las afueras de Palpa, y en otras l&iacute;neas. Las sutiles perturbaciones de la se&ntilde;al magn&eacute;tica indicaron que el suelo hab&iacute;a sido compactado por la actividad humana, sobre todo alrededor de las plataformas. Mientras tanto, Karsten Lambers, otro miembro del Proyecto Nasca-Palpa, hab&iacute;a reunido datos de posici&oacute;n y mediciones de las l&iacute;neas de visi&oacute;n (las vistas que pod&iacute;an apreciarse desde puntos cercanos) de cientos de geoglifos. Los datos demostraron que los trapezoides y otras formas geom&eacute;tricas ha&shy;&shy;b&iacute;an sido construidos en lugares que eran visibles desde una serie de &laquo;miradores&raquo;. El equipo lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que se trataba de lugares donde &laquo;los grupos sociales actuaban e interactuaban, y pod&iacute;an ser observados por espectadores, desde los valles y otros sitios con geoglifos&raquo;.
Las dunas de arena del cerro Blanco, que figuran entre las m&aacute;s altas del mundo, se yerguen p&aacute;lidas y desnudas en las resecas laderas andinas, dominando el paisaje f&iacute;sico y espiritual de los valles meridionales de la regi&oacute;n de Nasca. Durante siglos, los pueblos andinos han rendido culto a deidades encarnadas en monta&ntilde;as como el cerro Blanco. Seg&uacute;n Johan Reinhard, explorador residente de National Geographic, las monta&ntilde;as se asocian tradicionalmente con fuentes de agua. Los restos de cer&aacute;mica nasca que tapizan la senda hasta la cumbre del cerro Blanco, en es&shy;&shy;pecial recipientes para llevar agua, sugieren que esa asociaci&oacute;n se remonta a un pasado lejano.
En 1986 Reinhard inform&oacute; del hallazgo de las ruinas de un c&iacute;rculo ceremonial de piedras en la cima del Illakata, que, con m&aacute;s de 4.200 metros, es una de las monta&ntilde;as m&aacute;s altas que alimentan con su escorrent&iacute;a el sistema de drenaje del Nasca. Junto con otros indicios de actividad ritual en las cumbres de la regi&oacute;n, el descubrimiento lo llev&oacute; a proponer que uno de los principales prop&oacute;sitos de las l&iacute;neas de Nasca era la adoraci&oacute;n de los dioses-monta&ntilde;a, entre ellos el cerro Blanco, a causa de su vinculaci&oacute;n con el agua.
La investigaci&oacute;n reciente ha reforzado esa hi&shy;&shy;p&oacute;tesis. En las tierras altas del norte, donde las vicu&ntilde;as salvajes pacen cerca de la cabecera del r&iacute;o Palpa, me sum&eacute; al equipo de Reindel en una excursi&oacute;n a la cima de una monta&ntilde;a sagrada que los lugare&ntilde;os llaman Apu Llamoca. (En la lengua ind&iacute;gena, apu significa &laquo;deidad&raquo;.) En la cumbre de esa oscura mole volc&aacute;nica, el arque&oacute;logo me mostr&oacute; un c&iacute;rculo ceremonial con restos de cer&aacute;mica que su equipo hab&iacute;a hallado en 2008 y, cerca de all&iacute;, una estructura semicircular casi id&eacute;ntica a la hallada por Reinhard en el Illakata.
Pero para los investigadores del Proyecto Nasca-Palpa, la aut&eacute;ntica epifan&iacute;a que los ha llevado a relacionar los rituales sagrados de los nasca con el culto del agua se produjo en el a&ntilde;o 2000, en el trapezoide que domina la desolada llanura junto al pueblo de Yunama. Los arque&oacute;logos ya hab&iacute;an observado en el extremo de esos trapezoides grandes mont&iacute;culos artificiales de piedras, de los que sospechaban eran altares ceremoniales. Cuando Reindel excav&oacute; uno de esos mont&iacute;culos, donde hab&iacute;a trozos de cer&aacute;mica, conchas de cangrejo de r&iacute;o, restos vegetales y otras reliquias que claramente representaban ofrendas, descubri&oacute; fragmentos de la concha de un gran molusco del g&eacute;nero Spondylus, que se caracteriza por su color cremoso y por las formaciones espinosas de su superficie exterior. Este molusco s&oacute;lo se ve en las aguas costeras del norte de Per&uacute; durante los fen&oacute;menos de El Ni&ntilde;o, por lo que se asocia con la lluvia y la fertilidad agr&iacute;cola.
&laquo;La concha de Spondylus es un importante s&iacute;mbolo religioso del agua y la fertilidad &ndash;dice Reindel&ndash;. Al igual que el incienso en Europa, proced&iacute;a de tierras lejanas y se encuentra en contextos muy espec&iacute;ficos, como objetos funerarios y estas plataformas. Estaba vinculado con ciertas actividades mediante las cuales se ped&iacute;a agua a los dioses. Y es evidente &ndash;a&ntilde;ade&ndash; que en esta regi&oacute;n el agua era la principal preocupaci&oacute;n.&raquo;
Al final, ni las ofrendas ni las plegarias obraron el resultado deseado.
En 2004, en un lugar llamado La Tiza, en el sur de la regi&oacute;n de Nasca, junto al lecho seco del r&iacute;o Aja, la arque&oacute;loga Christina Conlee hizo un macabro descubrimiento mientras excavaba una tumba nasca. La primera parte del esqueleto en salir a la luz no fue el cr&aacute;neo, sino los huesos del cuello. &laquo;Lo primero que vimos fue las v&eacute;rtebras &ndash;me cont&oacute; Conlee&ndash;. El difunto estaba sentado, con los brazos y piernas cruzados, y sin cabeza.&raquo;
Las incisiones en las v&eacute;rtebras indican que la cabeza fue seccionada probablemente con un afilado cuchillo de obsidiana. Confirma la idea el hallazgo de un recipiente de cer&aacute;mica con forma de cabeza humana (que serv&iacute;a para sustituir la del cuerpo decapitado) junto al codo del esqueleto; en &eacute;l hay representada una &laquo;cabeza trofeo&raquo;, como las obtenidas de v&iacute;ctimas decapitadas, y de su interior brota un fantasmag&oacute;rico tronco de &aacute;rbol con ojos. El estilo de la vasija permite situarla entre los a&ntilde;os 325 y 450 d.C.
Todo lo relacionado con el enterramiento (la posici&oacute;n del esqueleto, el recipiente con forma de cabeza y la postura del cad&aacute;ver) hace pensar en una sepultura respetuosa. &laquo;Nadie habr&iacute;a enterrado as&iacute; a un wnemigo&raquo;, dijo Conlee, investigadora de la Universidad del Estado de Texas. El an&aacute;lisis isot&oacute;pico de los huesos del joven indica que vivi&oacute; en las proximidades de la tumba y que, por lo tanto, no era un forastero enemigo capturado durante una guerra. Conlee piensa que el esqueleto representa un sacrificio ritual: &laquo;Aunque encontramos cabezas trofeo en toda la &eacute;poca nasca, hay indicios de que se hicieron m&aacute;s comunes hacia mediados y finales del per&iacute;odo, y en momentos de gran dureza medioambiental, tal vez de sequ&iacute;a. Si &eacute;ste fue un sacrificio, se hizo para apaciguar a los dioses, quiz&aacute; despu&eacute;s de una sequ&iacute;a o de la p&eacute;rdida de una cosecha&raquo;.
Existen pocas dudas de que el agua (o, para ser m&aacute;s precisos, su ausencia) hab&iacute;a adquirido la m&aacute;xima importancia hacia el final del per&iacute;odo nasca, aproximadamente entre los a&ntilde;os 500 y 600. En el &aacute;rea de Palpa, los geof&iacute;sicos han seguido el lento desplazamiento del margen oriental del desierto, unos 20 kil&oacute;metros entre los a&ntilde;os 200 a.C. y 600 d.C., que ascendi&oacute; por las laderas de los valles hasta alcanzar unos 2.000 metros de altitud. De forma similar, los centros de poblaci&oacute;n situados en los oasis fluviales en torno a Palpa se desplazaron por los valles hasta cotas m&aacute;s altas, como si intentaran adelantarse al avance del desierto. &laquo;Al final del siglo VI d.C. &ndash;afirman Eitel y M&auml;chtle en un trabajo reciente&ndash;, las condiciones medioambientales de aridez llegaron a su punto culminante y la sociedad nasca se derrumb&oacute;.&raquo; Hacia el a&ntilde;o 650, el imperio wari, m&aacute;s militarista, llegado desde las tierras altas centrales, hab&iacute;a suplantado a los nasca en la regi&oacute;n des&eacute;rtica del sur.
&laquo;Las condiciones clim&aacute;ticas no fueron la &uacute;nica causa del hundimiento de la cultura temprana de Nasca en Cahuachi, y lo mismo puede decirse del fin de la cultura nasca en general &ndash;me dijo Johny Isla&ndash;. Se produjo una situaci&oacute;n de crisis porque hab&iacute;a m&aacute;s agua en unos valles que en otros, y es posible que los l&iacute;deres de los diferentes valles entraran en conflicto.&raquo;
El legado de los nasca perdura en las l&iacute;neas, y aunque la mayor&iacute;a de la gente viene a admirarlas desde el aire, lo que he visto y o&iacute;do me ha convencido de que no es posible entender los geoglifos a menos que se observen desde el suelo. En una de nuestras conversaciones, Isla me hab&iacute;a descrito la sensaci&oacute;n de caminar por esas sendas sagradas. &laquo;Es algo que se siente&raquo;, me dijo. Llevado por la curiosidad, le pregunt&eacute; si pod&iacute;amos recorrer algunas de las l&iacute;neas de la Cresta de Sacramento, al norte de Palpa.
Nos reunimos al alba una invernal ma&ntilde;ana de agosto, con la niebla fluyendo por el valle a nuestros pies y el sol atrapado a&uacute;n entre las estribaciones de los Andes, al este. Mientras avanz&aacute;bamos a trav&eacute;s de un gran trapezoide en el suelo de la meseta des&eacute;rtica, Isla me pidi&oacute; que anduviera con cuidado, preocupado por el mantenimiento del lugar sagrado. Tras varios minutos paseando &laquo;de puntillas&raquo;, nos encontramos recorriendo las l&iacute;neas de una antigua espiral, otra forma com&uacute;n de los geoglifos de Nasca.
Mientras camin&aacute;bamos por la senda en espiral, mis pasos me llevaron de forma natural a mirar todos los puntos cardinales a mi alrededor: el valle del Palpa al sur, la sierra litoral al oeste, la &laquo;monta&ntilde;a sagrada&raquo; local (el cerro Pinchango) al norte, y al este las estribaciones de los Andes, con su divino poder de alimentar los fr&aacute;giles r&iacute;os que avanzan serpenteando por la cuenca del Nasca, regando las semillas de una civilizaci&oacute;n nacida en un ambiente que de otro modo habr&iacute;a sido un puro desierto. Si me hubiese situado en el v&oacute;rtice de ese itinerario curvil&iacute;neo en &eacute;pocas antiguas, tambi&eacute;n me habr&iacute;a visto obligado a mirar las caras de los otros fieles que recorrer&iacute;an la misma senda que yo. Me di cuenta de que, en Nasca, un recorrido ritual pod&iacute;a reforzar a la vez la fe y las relaciones sociales.
&laquo;&iexcl;Mire!&raquo;, exclam&oacute; de pronto Isla. El sol se hab&iacute;a levantado sobre las cumbres, y la sesgada luz de la ma&ntilde;ana proyectaba nuestras sombras sobre el geoglifo. La espiral parec&iacute;a flotar por encima del paisaje, con sus contornos de rocas apiladas tallados en agudo relieve.
Mientras mis pasos segu&iacute;an las curvas de la espiral, se me ocurri&oacute; pensar que una de las funciones m&aacute;s importantes de las &laquo;misteriosas&raquo; l&iacute;neas de Nasca no es un misterio en absoluto. Los geoglifos eran sin duda para el pueblo nasca un recordatorio cin&eacute;tico y ritual de que su destino estaba ligado a su entorno: a su belleza natural, a su ef&iacute;mera abundancia y a su amenazadora austeridad.
En cada l&iacute;nea y cada curva que ara&ntilde;aron en el suelo del desierto se puede leer su respeto por la naturaleza, tanto en tiempos de abundancia como en &eacute;pocas de desesperada escasez. Cuando pones los pies en ese espacio sagrado, incluso durante un breve y aleccionador momento, es algo que se siente.
&nbsp;]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/24/nasca21_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/espiritus_arena.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[El Hubble renovado]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/hubble_renovado_2.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[Los cient&iacute;ficos han actualizado el telescopio con una nueva c&aacute;mara de mayor resoluci&oacute;n para explorar los lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos del universo.
&nbsp;]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/03/hubble4_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/hubble_renovado_2.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Atracción fatal]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/atraccion_fatal.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[Una mosca hambrienta vuela entre los pinos de Carolina del Norte. Atra&iacute;da por el olor a n&eacute;ctar que desprende una mancha escarlata de aspecto floral que hay en el suelo, la mosca se posa sobre la carnosa almohadilla de una hoja rojiza. Bebe un sorbo del dulce l&iacute;quido que rezuma la hoja, mientras con una pata roza un fin&iacute;simo pelo de la superficie, y despu&eacute;s otro. De pronto el mundo de la mosca tiene paredes a su alrededor. Los dos lados de la hoja se cierran uno sobre otro, y los dientes de los bordes encajan como los de un cepo. La mosca trata de escapar mientras la trampa se cierra. La hoja ya no secreta el dulce n&eacute;ctar, sino enzimas que carcomen las entra&ntilde;as de la mosca y las transforman lentamente en una sopa viscosa.
El insecto ha sufrido la peor humillaci&oacute;n para un animal: lo ha matado una planta.
La pantanosa sabana de pinos que hay en un radio de 140 kil&oacute;metros en torno a Wilmington, Carolina del Norte, es el &uacute;nico lugar del pla&shy;neta donde la atrapamoscas es nativa. Tambi&eacute;n alberga otras especies de plantas carn&iacute;voras, menos famosas y m&aacute;s difundidas pero igual de extra&ntilde;as. Hay plantas jarro, con hojas como co&shy;&shy;pas de champ&aacute;n, en las que los insectos (y a veces otros animales m&aacute;s grandes) caen y mueren. Las dr&oacute;seras envuelven a sus v&iacute;ctimas en un abrazo de pegajosos tent&aacute;culos. En lagunas y torrentes crecen las utricularias, que sorben a sus presas como aspiradoras subacu&aacute;ticas.
Hay algo maravillosamente inquietante en una planta que devora animales, quiz&aacute; porque destroza cualquier idea preconcebida. Carlos Linneo, el gran naturalista sueco del siglo XVII que ide&oacute; nuestro sistema de clasificar a los seres vivos, se rebelaba ante la idea de su existencia. El hecho de que una atrapamoscas devorara realmente insectos era para &eacute;l &laquo;contrario al orden de la naturaleza establecido por Dios&raquo;. Lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que las plantas s&oacute;lo atrapaban insectos por accidente, y que en cuanto el infeliz insecto dejara de forcejear, sin ninguna duda la planta abrir&iacute;a las hojas y lo dejar&iacute;a libre.
Darwin sab&iacute;a que no era as&iacute;, y el mundo al rev&eacute;s de las plantas carn&iacute;voras lo fascinaba. En 1860, poco despu&eacute;s de encontrar su primera planta carn&iacute;vora (una dr&oacute;sera) en un brezal ingl&eacute;s, el autor de El origen de las especies escribi&oacute;: &laquo;Me interesa m&aacute;s la dr&oacute;sera que el origen de todas las especies del mundo&raquo;. Pas&oacute; meses haciendo experimentos con las plantas. Dejaba caer moscas sobre las hojas y observaba c&oacute;mo &eacute;stas plegaban lentamente los tent&aacute;culos pegajosos sobre su presa. Las estimulaba con trozos de carne cruda y yema de huevo. Se maravillaba al ver que el peso de un cabello humano era suficiente para iniciar una reacci&oacute;n. Sin embargo, las dr&oacute;seras no prestaban atenci&oacute;n a las gotas de agua, ni siquiera a las que ca&iacute;an desde gran altura. Reaccionar a la falsa alarma de un chubasco, razon&oacute; Darwin, ser&iacute;a un gran error por parte de la planta. Aquello no era un accidente. Era adaptaci&oacute;n.
Darwin extendi&oacute; sus estudios de las dr&oacute;seras a otras especies, y finalmente en 1875 reuni&oacute; sus observaciones y experimentos en un libro, Plantas insect&iacute;voras. Qued&oacute; maravillado por la exquisita rapidez y la fuerza de la atrapamoscas, una planta que en su opini&oacute;n era &laquo;una de las m&aacute;s her&shy;mosas del mundo&raquo;. Demostr&oacute; que cuando una hoja se cerraba, se transformaba en &laquo;una copa o un est&oacute;mago temporal&raquo; que secretaba enzimas capaces de disolver a la presa. Observ&oacute; que las hojas tardaban m&aacute;s de una semana en volver a abrirse despu&eacute;s de cerrarse y razon&oacute; que los dientes entrecruzados de los m&aacute;rgenes dejaban escapar a los insectos m&aacute;s peque&ntilde;os para ahorrar a la planta el gasto de digerir una comida insuficiente. Compar&oacute; la velocidad del movimiento de la atrapamoscas (que se cierra en una d&eacute;cima de segundo) con la contracci&oacute;n de los m&uacute;sculos en los animales. Pero las plantas no tienen m&uacute;sculos ni nervios. As&iacute; pues, &iquest;c&oacute;mo era posible que reaccionaran como los animales?
Actualmente los bi&oacute;logos, que utilizan la tecnolog&iacute;a del siglo XXI para estudiar las c&eacute;lulas y el ADN, est&aacute;n empezando a comprender c&oacute;mo cazan, comen y digieren esas plantas, y c&oacute;mo aparecieron esas curiosas adaptaciones. El fisi&oacute;logo vegetal Alexander Volko cree haber desentra&ntilde;ado el secreto de la atrapamoscas despu&eacute;s de a&ntilde;os de estudio. &laquo;Es una planta el&eacute;ctrica&raquo;, afirma.
Cuando un insecto roza un pelo de la hoja de una atrapamoscas se produce una min&uacute;scula carga el&eacute;ctrica. Dicha carga se acumula en el interior del tejido de la hoja pero no es suficiente para estimular el cierre, por eso la planta no reacciona a falsas alarmas como las gotas de lluvia. Un insecto en movimiento, sin embargo, suele rozar un segundo pelo, lo que a&ntilde;ade suficiente carga para desencadenar la reacci&oacute;n que cierra la hoja.
Los experimentos de Volkov revelan que la carga se desplaza en el interior de la hoja por t&uacute;&shy;&shy;neles llenos de l&iacute;quido, lo que determina la apertura de poros en las membranas celulares. El agua pasa de las c&eacute;lulas interiores de la hoja a las exteriores, lo que hace que cambie r&aacute;pidamente de forma, de convexa a c&oacute;ncava, como una lente de contacto blanda. Al volverse del rev&eacute;s, las hojas se cierran y atrapan al insecto en su interior.
La utricularia dispone de un mecanismo igual de complejo para tender su trampa subacu&aacute;tica: bombea el agua contenida en unas peque&ntilde;as ves&iacute;culas, lo que reduce su presi&oacute;n interna. El paso de una pulga de agua o de alguna otra peque&ntilde;a criatura estimula los pelos t&aacute;ctiles de la ves&iacute;cula y hace que se abra una v&aacute;lvula. La baja presi&oacute;n interna succiona el agua, que arrastra con ella a la presa. En dos mil&eacute;simas de se&shy;&shy;gundo, la puerta vuelve a cerrarse. Entonces, las c&eacute;lulas de la ves&iacute;cula empiezan a bombear agua hacia fuera, creando de nuevo el vac&iacute;o.
Otras muchas especies de plantas carn&iacute;voras act&uacute;an como el papel matamoscas, capturando a sus v&iacute;ctimas con ap&eacute;ndices pegajosos. Las plantas jarro utilizan otra estrategia: desarrollan largas hojas tubulares en las que los insectos caen. Algunas de las m&aacute;s grandes tienen &laquo;jarros&raquo; de hasta 30 cent&iacute;metros de profundidad y son capaces de digerir una rana entera o incluso una rata que haya tenido la mala suerte de caer en su interior. Complejos procesos qu&iacute;micos contribuyen a hacer de la planta jarro una trampa mortal. Nepenthes rafflesiana, que crece en los bosques de Borneo, produce un n&eacute;ctar que adem&aacute;s de atraer a los insectos, vuelve resbaladizas las superficies. Los insectos que se posan en el borde del jarro-trampa se deslizan como un hi&shy;&shy;droavi&oacute;n en el agua y caen en el interior. El fluido digestivo en el que se precipitan tiene propiedades diferentes. En lugar de ser resbaladizo, es denso y pegajoso. Si una mosca intenta despegar una pata y escapar, el fluido la sujeta tenazmente.
Muchas plantas carn&iacute;voras tienen gl&aacute;ndulas especiales que secretan enzimas suficientemente potentes para atravesar el duro exoesqueleto de los insectos y absorber sus nutrientes. Pero la sarracenia purp&uacute;rea, que vive en turberas y suelos arenosos est&eacute;riles de gran parte de Am&eacute;rica del Norte, se aprovecha de otros organismos para digerir el alimento. La planta alberga una complicada red de larvas, mosquitos diminutos, protozoos y bacterias, muchos de los cuales s&oacute;lo pueden sobrevivir en ese singular h&aacute;bitat. Los animales se reparten las presas que caen en el ja&shy;&shy;rro, y los organismos m&aacute;s peque&ntilde;os se alimentan de los desechos. Finalmente, la planta absorbe los nutrientes liberados por ese fest&iacute;n gastron&oacute;mico. &laquo;Los animales forman una cadena procesadora que acelera todas las reacciones &ndash;dice Nicholas Gotelli, de la Universidad de Vermont&ndash;. Por su parte, la planta aporta ox&iacute;geno a los insectos.&raquo;

Hay miles de plantas jarro en las turberas del bosque Harvard, un &aacute;rea de investigaci&oacute;n ecol&oacute;gica de la Universidad, en el centro de Massachusetts. Un d&iacute;a de finales de la primavera, Aaron Ellison me llev&oacute; de excursi&oacute;n. &laquo;No has vivido realmente la experiencia de una turbera hasta que no te has metido hasta las ingles en ella&raquo;, me dijo este ec&oacute;logo de la reserva forestal mientras observaba pacientemente c&oacute;mo sacaba yo las piernas del fango. Por todo el bosque ondeaban banderitas naranjas. Cada una de ellas marcaba una planta jarro designada para servir a la ciencia. A lo lejos, un estudiante alimentaba con moscas las plantas marcadas. Los investigadores cr&iacute;an a estos insectos con comida a la que han a&ntilde;adido marcadores poco habituales de carbono y nitr&oacute;geno, para poder recoger despu&eacute;s las plantas y medir qu&eacute; cantidad de cada elemento presente en las moscas han absorbido. Como las plantas jarro son de crecimiento lento (pueden vivir varias d&eacute;cadas), los experimentos pueden tardar a&ntilde;os en dar resultados.
Ellison y Gotelli est&aacute;n intentando desentra&ntilde;ar qu&eacute; fuerzas evolutivas empujaron a estas plantas a decantarse por probar la carne. Comer animales proporciona a las plantas carn&iacute;voras unos beneficios evidentes; cuando los cient&iacute;ficos dan a las plantas jarro una raci&oacute;n extra de insectos, crecen m&aacute;s. Pero los beneficios de comer carne no son los que cabr&iacute;a imaginar. Los animales carn&iacute;voros, como nosotros, usan las prote&iacute;nas y la grasa de la carne para producir tejido muscular y energ&iacute;a. Las plantas carn&iacute;voras, en cambio, extraen de sus presas nitr&oacute;geno, f&oacute;sforo y otros nutrientes esenciales con los que sintetizan las enzimas necesarias para captar la luz. En otras palabras, comer animales permite a las plantas carn&iacute;voras hacer lo que hacen todas las plantas: aprovechar directamente la energ&iacute;a del sol.
Por desgracia, lo hacen muy mal. Las plantas carn&iacute;voras son tremendamente ineficaces en la transformaci&oacute;n de la luz solar en tejidos, porque tienen que destinar gran cantidad de energ&iacute;a a la producci&oacute;n del equipo necesario para atrapar animales (las enzimas, las unidades de bombeo, los ap&eacute;ndices pegajosos&hellip;). Una planta jarro o una atrapamoscas no realizan tanta fotos&iacute;ntesis como las plantas con hojas corrientes porque, a diferencia de &eacute;stas, no disponen de &laquo;paneles solares&raquo; planos capaces de captar grandes cantidades de luz solar. Ellison y Gotelli creen que s&oacute;lo en ciertas circunstancias los beneficios del consumo de carne superan los costes. El suelo pobre de las turberas, por ejemplo, ofrece muy poco nitr&oacute;geno y f&oacute;sforo, por lo que las plantas carn&iacute;voras gozan all&iacute; de una ventaja respecto a las plantas que obtienen esos nutrientes por me&shy;&shy;dios m&aacute;s convencionales. Adem&aacute;s, las turberas reciben luz solar en abundancia, por lo que incluso una ineficiente planta carn&iacute;vora puede realizar suficiente fotos&iacute;ntesis para sobrevivir. &laquo;No se pueden mover, y sacan el mejor partido posible de su situaci&oacute;n&raquo;, dice Ellison.
La evoluci&oacute;n ha repetido varias veces la misma transacci&oacute;n. Comparando el ADN de las plantas carn&iacute;voras con el de otras especies, los cient&iacute;ficos han descubierto que evolucionaron de forma independiente al menos en seis ocasiones. Algunas plantas carn&iacute;voras que parecen casi id&eacute;nticas tienen un parentesco lejano. Los dos tipos de plantas jarro (el g&eacute;nero tropical Nepenthes y el g&eacute;nero Sarracenia, de Am&eacute;rica del Norte) presentan hojas en forma de jarra y emplean la misma estrategia para capturar presas. Sin embargo, evolucionaron a partir de antepasados diferentes.
En varios casos es posible seguir la evoluci&oacute;n de las plantas carn&iacute;voras complejas a partir de otras m&aacute;s simples. La atrapamoscas, por ejemplo, tiene un antepasado com&uacute;n con el dros&oacute;filo luso, que s&oacute;lo tiene gl&aacute;ndulas pegajosas en los tallos (aunque la captura de insectos se hace en las ho&shy;&shy;jas), y comparte un antepasado m&aacute;s reciente con las dr&oacute;seras, que adem&aacute;s de presentar gl&aacute;ndulas pegajosas pueden cerrar las hojas sobre sus presas. Al parecer, las atrapamoscas han desarrollado una versi&oacute;n m&aacute;s evolucionada de ese tipo de trampa, con las hojas transformadas en cepo.
Desgraciadamente, las adaptaciones que permiten que las plantas carn&iacute;voras prosperen en h&aacute;bitats marginales tambi&eacute;n las vuelven extremadamente sensibles a los cambios me&shy;&shy;dioambientales. Los desechos agropecuarios y la contaminaci&oacute;n de las centrales el&eacute;ctricas est&aacute;n a&ntilde;adiendo nitr&oacute;geno de m&aacute;s a muchas turberas de Am&eacute;rica del Norte. La adaptaci&oacute;n de las plantas carn&iacute;voras a la escasez de nitr&oacute;geno es tal que ese fertilizante a&ntilde;adido les sobrecarga el sistema. &laquo;Al final se queman&raquo;, advierte Ellison.
La intervenci&oacute;n humana tambi&eacute;n plantea otras amenazas para las plantas carn&iacute;voras. El mercado negro de plantas carn&iacute;voras ex&oacute;ticas es tan activo que los bot&aacute;nicos tienen que guardar en secreto la localizaci&oacute;n de algunas especies raras. En Carolina del Norte se arrancan ilegalmente miles de atrapamoscas que se venden en puestos de carretera. El Departamento de Agricultura de Carolina del Norte ha empezado a marcar ejemplares silvestres con un tinte inocuo invisible que s&oacute;lo brilla con luz ultravioleta para que los inspectores puedan determinar si las plantas en venta proceden de un invernadero o fueron recolectadas en la naturaleza. Pero incluso si fuera posible detener la recolecci&oacute;n ilegal de plantas carn&iacute;voras (lo que tampoco es seguro), &eacute;stas seguir&iacute;an expuestas a numerosas amenazas. Su h&aacute;bitat est&aacute; desapareciendo, para ser reemplazado por centros comerciales y viviendas. Adem&aacute;s, el control de los incendios permite a otras plantas crecer r&aacute;pidamente y desplazar a las atrapamoscas. Quiz&aacute; sea una buena noticia para las moscas, pero es una gran p&eacute;rdida para todos los que nos maravillamos ante la infinita capacidad de inventiva de la evoluci&oacute;n.]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/18/carnivorasart3_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/atraccion_fatal.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Sueños de Shanghai]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/suenos_shanghai.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[El mundo secreto que late en el refugio antia&eacute;reo del viejo Shanghai es un universo aparte. Arriba, en la calle soleada, los obreros inmigrantes almuerzan arroz con tofu, mientras grupos de oficinistas vestidos con impecables camisas blancas pasan por delante del cartelito de la acera. Pero detr&aacute;s de un escaparate que exhibe asientos de retretes de marca extranjera, una joven baja unas escaleras hacia un lugar que conoce simplemente como &laquo;el 0093&raquo;.Tras franquear unas puertas met&aacute;licas a prueba de bomba, la chica (tiene 22 a&ntilde;os y se llama Sheng Jiahui, aunque su apodo es Sammy) se interna en los pasillos mal iluminados. Una extra&ntilde;a penumbra verdosa inunda el b&uacute;nker. En ese perpetuo crep&uacute;sculo, el 0093 sigue evocando la sofocante claustrofobia de la guerra y la revoluci&oacute;n comunista que puso fin a la fiesta plet&oacute;rica de Shanghai, cuando la fusi&oacute;n del Este y el Oeste convirtieron la ciudad en el Par&iacute;s de Extremo Oriente.
Al entreabrirse una puerta, el pasillo retumba con una explosi&oacute;n de guitarra el&eacute;ctrica. Dentro del reducido habit&aacute;culo, bajo un p&oacute;ster del legendario guitarrista Jimi Hendrix, cuatro mujeres (las otras integrantes de Black Luna, la banda punk de Sammy) comienzan el ensayo. A veces la historia toma derroteros curiosos: el b&uacute;nker, ese viejo s&iacute;mbolo de la guerra, de una sociedad herida y amedrentada, se ha convertido en el hervidero del actual panorama musical de Shanghai. Las salas de ensayo del 0093 han incubado a m&aacute;s de cien grupos locales, dando nuevo &iacute;mpetu a una cultura que hoy, igual que ayer, desdibuja la frontera entre Oriente y Occidente.
Sammy se quita la chaqueta cuando el grupo empieza a desmelena rse. Orange, de 20 a&ntilde;os, ataca la bater&iacute;a; Juice, de 23, arranca unos acordes a la velocidad del supers&oacute;nico maglev (tren de levitaci&oacute;n magn&eacute;tica) de Shanghai. Sammy canta, y su flequillo salta arriba y abajo a toda pastilla. Hija de una cantante de &oacute;pera shanghainesa tradicional, conduce el talento musical de su familia hacia una nueva direcci&oacute;n. &laquo;Somos p&aacute;jaros reci&eacute;n nacidos, pero so&ntilde;amos a lo grande &ndash;grita Sammy&ndash;. Que nos oiga cantar el mundo entero.&raquo;
Todas las ciudades tienen un ritmo, un latido que les imprime movimiento. En Shanghai, una de las megal&oacute;polis de crecimiento m&aacute;s acelerado del mundo, es f&aacute;cil perderse en la percusi&oacute;n incesante de martillos neum&aacute;ticos y martinetes, bulldozers y gr&uacute;as. La proliferaci&oacute;n de rascacielos y construcciones es parte de la asombrosa metamorfosis que la ciudad mostrar&aacute; al mundo cuando se convierta en sede de la Expo 2010, la versi&oacute;n moderna de la Exposici&oacute;n Universal, en&shy;&shy;tre los meses de mayo y octubre. Sin wmbargo, el ascenso de la &uacute;nica ciudad verdaderamente internacional de China no es obra de las m&aacute;quinas sino de una cultura urbana que sigue su propio comp&aacute;s, abri&eacute;ndose a lo nuevo y a lo extranjero mientras intenta recuperar su antigua gloria.
Sus habitantes forman una tribu urbana distinta del resto de China en idioma, costumbres, arquitectura, gastronom&iacute;a y actitud vital. Su cultura, con frecuencia llamada haipai (&laquo;estilo de Shanghai&raquo;), es fruto de la historia singular de la ciudad, punto de convergencia de comerciantes extranjeros e inmigrantes chinos. Pero con los a&ntilde;os ha llegado a ser un h&iacute;brido que diluye los conceptos de Oriente y Occidente. &laquo;A ojos de los extranjeros, Shanghai es parte de &ldquo;la misteriosa China&rdquo; &ndash;dice Zhou Libo, c&oacute;mico shanghain&eacute;s&ndash;. Para los dem&aacute;s chinos, es parte del extranjero.&raquo;
Con cuatro d&iacute;as de historia en el contexto de la milenaria China, Shanghai, a diferencia del Beijing imperial, apenas era un modesto pueblo pesquero hace 150 a&ntilde;os. Pero un pueblo con un gran destino por delante. En un principio fue un sue&ntilde;o extranjero, un puerto que, abierto al comercio exterior en virtud de un tratado, despachaba t&eacute; y seda a cambio de opio. Los s&oacute;lidos edificios alineados en la margen del r&iacute;o, conocidos como el &laquo;Bund&raquo;, proyectaban una imagen de potencia extranjera, no china. Llegaron oleadas de inmigrantes, que crearon una mezcla ex&oacute;tica de banqueros brit&aacute;nicos, bailarinas rusas, misioneros estadounidenses, vividores franceses, refugiados jud&iacute;os y enturbantados guardas sij.
En la d&eacute;cada de 1930 Shanghai figuraba entre las diez ciudades m&aacute;s grandes del mundo, pero en ning&uacute;n punto del globo ten&iacute;a parang&oacute;n: era una metr&oacute;poli mestiza con fama de para&iacute;so para el dinero f&aacute;cil y la relajaci&oacute;n de costumbres. Brit&aacute;nicos, franceses y americanos dividieron la ciudad en concesiones y construyeron elegantes viviendas en calles arboladas. Los comercios ofrec&iacute;an el &uacute;ltimo grito en moda y art&iacute;culos de lujo. El hip&oacute;dromo dominaba el centro urbano; la vida nocturna ofrec&iacute;a todas las opciones habidas y por haber, desde salas de baile y clubes sociales hasta fumaderos de opio y burdeles. (Hubo una &eacute;poca en que se dijo que Shanghai era la ciudad con m&aacute;s prostitutas del mundo.)
Tal dinamismo, sin embargo, se cimentaba en los varios millones de inmigrantes chinos que llegaron a la ciudad, en buena parte refugiados y reformistas huidos de las violentas campa&ntilde;as rurales iniciadas a mediados del siglo XIX con la cruenta rebeli&oacute;n de los taiping. Los reci&eacute;n llegados hallaban protecci&oacute;n en Shanghai y se ganaban la vida como comerciantes e intermediarios, culis y g&aacute;nsteres. A pesar de las penurias, esos inmigrantes forjaron la primera identidad urbana moderna del pa&iacute;s al dejar atr&aacute;s un imperio continental cuya estructura segu&iacute;a siendo profundamente agraria. Cierto es que las costumbres familiares no abandonaron el confucionismo, pero la indumentaria era occidental y el sistema, capitalista. &laquo;Siempre nos han acusado de adorar a los extranjeros &ndash;afirma Shen Hongfei, uno de los principales cr&iacute;ticos culturales de Shanghai&ndash;, pero el hecho de apropiarnos de ideas procedentes de fuera nos convirti&oacute; en la zona m&aacute;s avanzada de China.&raquo;
El tel&oacute;n cay&oacute; definitivamente en 1949. En las siguientes cuatro d&eacute;cadas las autoridades comunistas chinas se preocuparon de que Shanghai pagara cara su vocaci&oacute;n de moderna Babilonia. Adem&aacute;s de forzar la partida de la &eacute;lite econ&oacute;mica y suprimir el dialecto local, Beijing comenz&oacute; a absorber la pr&aacute;ctica totalidad de los beneficios que generaba la ciudad. Cuando en los a&ntilde;os ochenta comenzaron las reformas econ&oacute;micas, Shanghai tuvo que esperar casi un decenio hasta que el r&eacute;gimen de Beijing permitiera por fin su desarrollo. &laquo;No dej&aacute;bamos de preguntarnos: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo nos tocar&aacute; a nosotros?&rdquo;&raquo;, cuenta Huang Mengqi, dise&ntilde;ador de moda y empresario, due&ntilde;o de una tienda en el Bund.
El turno de Shanghai ya ha llegado. Propulsada por a&ntilde;os de un crecimiento m&aacute;s r&aacute;pido que el del resto de China, y una cultura de nuevo abierta al mundo exterior, la ciudad ans&iacute;a recuperar las glorias del pasado, pero esta vez ella llevar&aacute; sus propias riendas. Hace 20 a&ntilde;os, desde los edificios europeos del Bund se divisaba en la margen opuesta del Huangpu un paraje agr&iacute;cola salpicado de f&aacute;bricas. Hoy es un bosque de rascacielos, entre ellos el World Financial Center, de 101 pisos. En total, la ciudad ha incorporado m&aacute;s de 4.000 torres. Teniendo en cuenta que en el pasado fue feudo de rickshaws y bicicletas, el dato estad&iacute;stico m&aacute;s extraordinario no es vertical, sino horizontal: casi 2.500 kil&oacute;metros de avenidas y circunvalaciones se han tendido en y alrededor de Shanghai en los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os.
Y ahora llega la Expo 2010, una iniciativa en franca decadencia que Shanghai conf&iacute;a en resucitar como lanzadera mundial. Es una apuesta arriesgada, pero se dice que la ciudad ha puesto sobre la mesa unos 30.000 millones de euros, m&aacute;s de lo que se gast&oacute; Beijing en los Juegos Ol&iacute;mpicos de 2008. El grueso de la inversi&oacute;n se ha destinado a infraestructuras, como dos nuevas terminales aeroportuarias, la ampliaci&oacute;n del metro y la remodelaci&oacute;n del Bund. Pero en plena crisis econ&oacute;mica mundial, &iquest;acudir&aacute;n los 70 millones de visitantes previstos? Shanghai tambi&eacute;n abriga una ambici&oacute;n mayor: ser la capital mundial del siglo XXI. &laquo;Si hay alguna ciudad con posibilidades, &eacute;sa es Shanghai &ndash;afirma Xiangming Chen, profesor de la Universidad Fudan&ndash;. Pero con la construcci&oacute;n urban&iacute;stica no basta. Hay una cuesti&oacute;n m&aacute;s importante: c&oacute;mo reconstruir la conciencia de comunidad que se ha perdido al derribar lo antiguo y levantar lo nuevo.&raquo;
Jin Qijing simula no haber o&iacute;do la rata que corretea por la tuber&iacute;a de su habitaci&oacute;n. La mesa est&aacute; servida (un plato dulce y sustancioso de cerdo estofado, el hongshaorou, muy del gusto local) y la elegante se&ntilde;ora de 91 a&ntilde;os de edad, con su abultado peinado canoso, no quiere estropear la cena familiar.
Huelga recordarle a Jin que las condiciones de su lilong, el barrio tradicional caracter&iacute;stico de Shanghai, se han degradado desde que se instal&oacute; en &eacute;l en 1937, siendo una adolescente. Por entonces su lilong, uno de los miles que hay en la ciudad, en los que las t&iacute;picas casas chinas con patio se modificaron para construirlas en los apretados callejones de estilo europeo, no desmerec&iacute;a su nombre: Baoxing Cun, &laquo;la ciudadela del tesoro y la prosperidad&raquo;. En cada casa viv&iacute;a una familia, en muchos casos con una servidumbre de criados y conductores de rickshaw.
Hoy son ocho las familias que se apretujan en los dos pisos de la vivienda de Jin, una por habitaci&oacute;n. No hay agua corriente. La cocina de Jin es un hornillo el&eacute;ctrico instalado en un inestable balc&oacute;n improvisado. Pese a todo, cuando el nieto le propuso que se mudara con su marido a un moderno complejo de apartamentos de la periferia, ella se neg&oacute;. &laquo;&iquest;En qu&eacute; otro sitio encontrar&iacute;a esta vida de vecindad?&raquo;, se pregunta.
Los barrios antiguos de Shanghai est&aacute;n desa&shy;pareciendo. En 1949 al menos tres cuartas partes de los shanghaineses viv&iacute;an en un lilong; hoy son una minor&iacute;a. Dos lilong contiguos a Baoxing Cun han sido demolidos; uno para dejar paso a una autopista elevada, el otro para una subestaci&oacute;n de conmutaci&oacute;n el&eacute;ctrica que alimentar&aacute; la Expo 2010. Aun as&iacute;, los abarrotados callejones de Baoxing Cun siguen evocando el esp&iacute;ritu comunal que hizo del lilong la esencia de la cultura shanghainesa. Por la ma&ntilde;ana, de camino al mercado al aire libre, Jin pasa por delante de la tienda de shengjian bao, unos bollos dulces rellenos de cerdo que se toman de desayuno. Charla con una vecina que tiende la colada en uno de los postes que decoran el callej&oacute;n, mientras un se&ntilde;or, todav&iacute;a en pijama, riega las plantas. &laquo;&iexcl;Ya estoy aqu&iacute;!&raquo;, grita Jin cuando sube las escaleras sin luz en direcci&oacute;n a su habitaci&oacute;n del segundo piso. Los vecinos se asoman desde sus habitaciones para saludarla.
Por la tarde Jin y sus amigas de toda la vida se re&uacute;nen en la calle con sus taburetes de madera, un ritual cotidiano que repiten desde hace decenios. Las mujeres charlan en dialecto shanghain&eacute;s y los vecinos que pasan por ah&iacute; se detienen para escuchar, bromear y meter baza.
Esta tarde, la conversaci&oacute;n de las se&ntilde;oras se ve ensombrecida por la especulaci&oacute;n. &laquo;No dejan de decir que los siguientes en la lista de demoliciones somos nosotros&raquo;, dice Jin. A ella le preo&shy;cupa que la demolici&oacute;n de Baoxing Cun disperse a sus amigas en distintos barrios perif&eacute;ricos. &laquo;Qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto tiempo nos queda&raquo;, dice.
Shanghai se ha preocupado m&aacute;s que otras ciudades chinas por conservar su arquitectura hist&oacute;rica, evitando que las m&aacute;quinas demoledoras acaben con cientos de mansiones y sedes bancarias de la &eacute;poca precomunista. Con todo, s&oacute;lo hay unos pocos lilong en la lista de zonas protegidas. Ruan Yisan, profesor de planificaci&oacute;n urban&iacute;stica de la Universidad Tongji, ha organizado una campa&ntilde;a para salvar estos viejos centinelas de la historia de Shanghai. &laquo;El gobierno deber&iacute;a echar abajo la pobreza, no la historia &ndash;declara&ndash;. Mejorar la calidad de vida de la poblaci&oacute;n no tiene nada de malo, pero eso no significa que debamos tirar a la basura nuestro patrimonio.&raquo;
No hace mucho se present&oacute; de improviso en Baoxing Cun una brigada municipal para dar al barrio una mano de pintura color crema. El lavado de cara no va muy lejos cuando se trata de disimular las lamentables condiciones del vecindario. As&iacute; y todo, Jin se contenta con saber que Baoxing Cun no va a demolerse al menos hasta que termine la Expo 2010.
Dejarse llevar por la corriente nunca ha sido el estilo de Zhang Xin. Nacida en un lilong de Shanghai hace 42 a&ntilde;os, en plena Revoluci&oacute;n Cultural, a esta artista conceptual le encanta provocar al p&uacute;blico con im&aacute;genes de intelectuales chinos representados como aves enjauladas y ser cr&iacute;tica con su ciudad natal. &laquo;Sufrimos la psicolog&iacute;a del colonialismo &ndash;declara&ndash;. Nos enorgullece que fu&eacute;ramos dignos de colonizaci&oacute;n.&raquo;
Por eso algunos de sus amigos se sorprendieron cuando Zhang se sum&oacute; a la estampida hacia los barrios residenciales perif&eacute;ricos. Varios mi&shy;&shy;llones de shanghaineses han abandonado el n&uacute;cleo urbano en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, catapultados por la destrucci&oacute;n del lilong y por a&ntilde;os de so&ntilde;ar en balde con un espacio propio. La familia de Zhang vive en un piso de tres dormitorios en un complejo de rascacielos con cuidadas extensiones de c&eacute;sped y un parque de juegos para su hija de siete a&ntilde;os, Jiazhen. Una especie de urbanizaci&oacute;n privada al estilo occidental, lejos de la animada vida callejera que Zhang conoci&oacute; en el lilong de su infancia.
Las promociones inmobiliarias y la migraci&oacute;n a la periferia han aliviado la congesti&oacute;n urbana de Shanghai, triplicando el espacio habitable per c&aacute;pita en 30 a&ntilde;os. Sin embargo, esa transformaci&oacute;n est&aacute; resquebrajando la cultura shanghainesa. Los vecinos de los barrios residenciales no suelen conocerse entre s&iacute;, a pesar de algunas iniciativas comunitarias como ligas deportivas y grupos infantiles de juego. 
Una de las v&iacute;ctimas de esta huida urbana es el dialecto local de Shanghai. Rico y con un acento marcadamente gutural, ha ido perdiendo terreno desde la d&eacute;cada de 1950, cuando Beijing lanz&oacute; su campa&ntilde;a de unificaci&oacute;n nacional bajo el mandar&iacute;n estandarizado. En los populosos lilong el dialecto sigui&oacute; vivo; en los nuevos barrios residenciales de la periferia, las familias suelen retirarse a sus espacios privados, de espaldas unas a las otras. Aun as&iacute;, muchos shanghaineses orgullosos de su lengua la emplean a&uacute;n a modo de c&oacute;digo secreto para indicar su origen o para cerrar tratos ventajosos en las tiendas de la ciudad.
Para Zhang, el encanto de la periferia no tard&oacute; en desvanecerse. Este a&ntilde;o la artista y su familia regresan al centro. &laquo;Mis mejores recuerdos me llevan invariablemente a los sonidos que o&iacute;a a los seis a&ntilde;os cuando me despertaba en el lilong &ndash;explica&ndash;. La charla de la calle, los vendedores ambulantes ofreciendo gambas: la vida real.&raquo;
Chen Dandan pasa los d&iacute;as colgado a decenas de metros de altura en el centro de Shanghai, construyendo uno de los rascacielos m&aacute;s modernos de la urbe. Pero lo que realmente da v&eacute;rtigo a este obrero inmigrante de 26 a&ntilde;os es volver a casa a pie por Nanjing Road, la calle comercial m&aacute;s deslumbrante de la ciudad. Con su mono azul y un casco amarillo de seguridad, Chen contempla boquiabierto un escaparate de Gucci. En un lugar llamado Tomorrow Square, se come con los ojos un Ferrari rojo que cuesta unos 80 a&ntilde;os de su sueldo, unos 2.500 euros anuales. &laquo;Toda esa gente tendr&aacute; mucho dinero &ndash;dice&ndash;, pero quienes construimos Shanghai somos nosotros.&raquo;
Como en anteriores momentos de expansi&oacute;n, el actual boom de la construcci&oacute;n no ser&iacute;a posible sin inversi&oacute;n extranjera y sin la afluencia de au&shy;&shy;t&eacute;nticos ej&eacute;rcitos de obreros inmigrantes. Una tercera parte de los 20 millones de habitantes de Shanghai son inmigrantes sin permiso de residencia, y sin algunos de los beneficios que eso conlleva. Muchos de estos waidiren (&laquo;gente de fuera&raquo;) viven en comunidades bien asentadas, algunos con sus propios colegios privados para hacerse cargo de unos ni&ntilde;os cuyo estatus de &laquo;sin papeles&raquo; les impide acceder a la escuela p&uacute;blica. Otros, como Chen, conforman una poblaci&oacute;n flotante en los escalones m&aacute;s bajos de la sociedad.
En el Shanghai de los viejos tiempos casi todos los inmigrantes pasaron a formar parte de la cultura de la ciudad, se establecieron en los lilong y aprendieron el dialecto local. Hoy es raro que se produzca semejante integraci&oacute;n. Chen lleva dos a&ntilde;os en Shanghai, pero como nunca se ha planteado establecerse permanentemente, no ha aprendido una sola palabra de shanghain&eacute;s. La mayor parte de lo que gana lo env&iacute;a a su familia, que vive en la cercana provincia de Jiangsu.
Al final de su recorrido por Nanjing Road, Chen sube a los &laquo;dormitorios&raquo; de los obreros, unos cuartos de contrachapado improvisados en el tercer piso de un rascacielos en construcci&oacute;n. Al otro lado de la calle se alzan los 22 pisos del Park Hotel, el edificio m&aacute;s alto de Asia cuando se estaba construyendo, a principios de los a&ntilde;os treinta, y hoy s&iacute;mbolo de las viejas aspiraciones cosmopolitas de Shanghai. Tambi&eacute;n lo levant&oacute; mano de obra inmigrante. Quiz&aacute; Chen no sea bienvenido en Shanghai durante la Expo 2010. Durante esos seis meses se parar&aacute;n todas las obras, y la mayor&iacute;a de los trabajadores ser&aacute;n enviados de vuelta a su casa. Pero Chen piensa regresar. &laquo;Mientras Shanghai siga creciendo, siempre har&aacute; falta gente como yo&raquo;, dice.
Cuando Sammy no est&aacute; bajo tierra tocando rock punk, es f&aacute;cil encontrarla en el apartamento del piso 24 que comparte con otras cuatro chicas solteras en una nueva torre del centro. Desde la ventana de su habitaci&oacute;n se&ntilde;ala m&aacute;s all&aacute; de la jungla de rascacielos en obras, cubiertos con malla verde. All&iacute;, al otro lado del r&iacute;o Huangpu, est&aacute; la pir&aacute;mide invertida que har&aacute; las veces de pabell&oacute;n central de la Expo 2010.
La explosi&oacute;n urban&iacute;stica de Shanghai continuar&aacute; hasta mucho despu&eacute;s de la exposici&oacute;n. Tanta demolici&oacute;n y construcci&oacute;n pone de manifiesto un rasgo inequ&iacute;voco del car&aacute;cter shanghain&eacute;s: la obsesi&oacute;n por lo nuevo. A diferencia de otras regiones de China, que sienten el peso de una historia milenaria, la joven Shanghai no deja de buscar la vanguardia. Las compa&ntilde;eras de grupo de Sammy definen a su compa&ntilde;era como &laquo;la chica shanghainesa por antonomasia&raquo;, no s&oacute;lo porque busca en el extranjero inspiraci&oacute;n en materia de m&uacute;sica, moda y estilo de vida, sino sobre todo por la naturalidad con la que combina las nuevas ideas con su car&aacute;cter propio.
Cuando Black Luna se hizo una serie de fotograf&iacute;as promocionales, las roqueras se ataviaron con emperifollados vestidos de fiesta, y Sammy se puso una gargantilla estilo a&ntilde;os treinta. &laquo;Quer&iacute;amos reflejar el glamour del viejo Shanghai&raquo;, explica. Pero no estamos ante un ejercicio de nostalgia. Hablamos de un grupo musical shanghain&eacute;s que, para estar a la &uacute;ltima, saquea la historia en busca de un nuevo estilo cool. En esta ciudad de renovaci&oacute;n constante, el ritmo es tan r&aacute;pido que el pasado puede convertirse en futuro. Una vez m&aacute;s.]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/21/shangai1_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/suenos_shanghai.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[Editorial]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/editorial.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[La cultura nasca dej&oacute; tras de s&iacute; una vasta huella. Conocemos esta civilizaci&oacute;n que floreci&oacute; en los Andes peruanos entre los a&ntilde;os 200 a.C. y 600 d.C. gracias a unas inmensas figuras trazadas en las arenas del desierto (un colibr&iacute;, un mono, una orca, una ara&ntilde;a y otros geoglifos), s&oacute;lo visibles en su totalidad desde el aire. Pero los nasca no dejaron pistas concluyentes sobre la finalidad de esas intrigantes figuras.
El misterio de las l&iacute;neas de Nasca ha llevado a numerosos arque&oacute;logos a estudiar otros aspectos de esta civilizaci&oacute;n, entre ellos, c&oacute;mo logr&oacute; sobrevivir a la extrema aridez de aquella regi&oacute;n de los Andes. El clima era, al igual que el nuestro, cambiante; la lluvia, impredecible y escasa; los r&iacute;os se secaban a menudo. Los esqueletos de cuerpos decapitados y enterrados con sumo cuidado en lugares como La Tiza (arriba) sugieren que cuando los nasca oraban para pedir abundancia, a veces recurr&iacute;an al m&aacute;ximo sacrificio: la vida humana.
Este mes presentamos las &uacute;ltimas investigaciones de un equipo internacional financiado en parte por la Sociedad. A partir de la medici&oacute;n de la densidad del suelo que hay debajo de los geoglifos y del an&aacute;lisis de la materia org&aacute;nica presente en los restos de las viviendas, los cient&iacute;ficos han estudiado c&oacute;mo los nasca soportaron los cambios de clima y por qu&eacute; crearon aquellas extra&ntilde;as figuras. Finalmente, han desvelado una cultura que hoy calificar&iacute;amos de sostenible, con una enorme capacidad para gestionar unos recursos limitados.]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/21/editorialmarzo_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/editorial.html]]></guid>
      </item>
      <item>
         <title><![CDATA[El esplendor de Oriente]]></title>
         <link><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/esplendor_oriente.html]]></link>
         <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2010 09:00:00 GMT]]></pubDate>
         <description><![CDATA[El esplendor de Oriente
Cuando en la d&eacute;cada de 1930 National Geographic public&oacute; el reportaje &laquo;Shanghai cosmopolita&raquo;, la que apenas un siglo antes fuera una peque&ntilde;a aldea de pescadores junto a la desembocadura del Yangtse se hab&iacute;a convertido en uno de los puertos m&aacute;s florecientes de Asia. Los farolillos de papel hab&iacute;an sido sustituidos por luminosos anuncios de ne&oacute;n, la col china alternaba con el caviar, y las actividades pesqueras hab&iacute;an dado paso a las altas finanzas, en una ciudad de hormig&oacute;n y acero con un denso tr&aacute;fico de autom&oacute;viles y tranv&iacute;as. La m&aacute;s internacional de las ciudades chinas mostraba su car&aacute;cter cosmopolita en esta fotograf&iacute;a, publicada en septiembre de 1932, en la que &laquo;un grupo de marines estadounidenses observan los souvenirs adquiridos en Foochow Road, una calle comercial de Shanghai. Las banderolas de las tiendas anuncian a bombo y platillo rebajas y gangas&raquo;.
Arteria comercial de Shanghai, en el c&eacute;ntrico Bund (arriba) hab&iacute;a bancos, hoteles, oficinas y redacciones de peri&oacute;dicos. El edificio m&aacute;s alto, con un reloj en la torre, era la aduana. El intenso intercambio con el exterior contribuy&oacute; a modelar la ciudad y su crecimiento, entremezclando elementos chinos y occidentales. W. Robert Moore, autor del reportaje, afirmaba que &laquo;cuando se llega a Shanghai en barco, apenas tiene uno la impresi&oacute;n de estar en China, a menos que aparezcan unos juncos de pescadores&raquo;. La presencia de barberos en la calle (abajo) era una constante en los barrios populares de la urbe, y &laquo;ante ellos suelen formarse largas colas de clientes&raquo;.
Publicado en marzo de 2010]]></description>
         <enclosure url="http://nationalgeographic.com.es/medio/2010/02/18/flashbackmarzo_91x90.jpg" type="image/jpeg" />
         <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://nationalgeographic.com.es/2010/02/26/esplendor_oriente.html]]></guid>
      </item>
   </channel>
</rss>